domingo, 5 de junio de 2011

- Vayase a la mierda
Me miró a través de sus anteojos cuadrados. Arrugó la nariz, frunció el ceño, y preguntó
- ¿Que fue lo que dijo?
- ¿ Acaso no escucha bien? V Á Y A S E A LA M I E R D A, por gente como usted que se cree capaz de definir lo que una persona es o deja de ser, por trabajos prácticos,  putos trabajos prácticos y toda esa mierda ¿cree que puede definir quien soy?.. yo le digo VAYASE A LA MIERDA, si soy responsable o no, si debo reprobar todo o no, es asunto mío, nadie le pidió que me describa como irresponsable, holgazana o todo eso... NO ME CONOCE, Y NUNCA LO HARÁ SI?
- Señorita la verdad el escucharla solo me hace sentir, sentir...
- Repudio? bueno, al menos coincidimos en algo, yo siento lo mismo respecto a usted
- ¡No puedo tolerar más este comportamiento! Haré que la castiguen, aunque se merecería una expulsión pero se que en casos asi no se ha tomado esa medida. Vaya ahora mismo a regencia, y pida que le den ordenes de amonestaciones, una sola falta más y será expulsada de la institución...
- Ahá, como diga

En el curso me miraban boquiabiertos y con la patética cara de buenos alumnos que tenían, cuando en realidad seguro opinaban igual que yo, pero no tenían los órganos sexuales bien puestos para poder hacerlo.
¿Y por qué yo si lo hice? Solo sentía bronca, y necesitaba expulsarla, no me importaban las consecuencias. Si, como leyeron, yo hacía las cosas sin medir las consencuencias... ¿y saben que? Me importaba una mierda.


Relato corto. Memorias de una rebelde sin causa.
Por Julie

jueves, 2 de junio de 2011

- Estas segura?
- Si
- No hay vuelta atrás eh?
- Si
- Segura?
- SI!
Mi curiosidad por probar algo nuevo era aún mas fuerte que yo. La observé preparar el "spliff" (porro en inglés) como generalmente soliamos llamarlo para no delatarnos y para no resultar tan obvias. Tomó el papel y lo dobló con suma naturalidad. Abrió la bolsita hermética que contenía la hierba. Probablemente contenía unos 30 gramos. No supe hasta luego de probar el producto que su primo tenía su propia planta en su jardín y el era quien le suministraba la hierba, pero no gratis por supuesto. En este mundo todo tenia su precio, hasta las cosas que eran perjudiciales para uno mismo, hasta las cosas que solo te hacían mal, que no tenían ningun beneficio, que podían conducirte hasta la muerte, hasta esas cosas tenían precio!

Colocó una pequeña cantidad de hierba y plegó el papel, armando así el bendito "spliff". Repitió la pregunta y yo solo dije si automaticamente. Quería probarlo. Me creía valiente. Marihuana, una planta muy usada para las medicinas, ¿Por qué me haría mal probar una sola vez?
Tomé el porro, con una mano y el encendedor con la otra. Lo encendí como lo acostumbraba hacer con los cigarrillos comunes. Inhalé el humo y luego exhale. El olor transminaba la habitación pero Carla estaba acostumbrada a fumar allí, ya que casi siempre estaba sola.
Luego del primer spliff, solo me sentía fatigada, cansada, luego del segundo comenzé a reirme sola, experimenté una sensación de falta de racionalidad. Las cosas que decía y hacía no tenian coherencia alguna. Comenzé a tirar libros y hojas de carpeta, pero por suerte Carla me controló. Luego sentí mucha hambre, mucha ansiedad y entonces Carla buscó un poco de bizcochuelo de chocolate. Lo devoré al instante. Es necesario destacar que horas despues cuando me di cuenta de que me habia comido casi medio kilo de bizcochuelo dije que no probaría uno nunca más, ya que esa ansiedad, resultado del efecto de la marihuana me haría engordar, nunca más... nunca más... bueno, quizás solo un par de veces más.



Relato corto. Memorias de una rebelde sin causa.
Por Julie